Sueños interesantes pero muy estraños

Recientemente he estado recordando sueños.

Sábado: soñé que en una fiesta aparecía mi compañero muerto Oscar, me sonreía y me abrazaba, una de sus amigas me daba un número telefónico, supuestamente del gym al que asistían. Lo recuerdo al despertar y lo anoto: 54116560

Martes: soñé algo que me equiparaba con Margarita, estaba con ella en una sala y se reía, no recuerdo más.

Miércoles: soñé que Alicia estaba en casa de mis papás y yo le prometía que en X fecha ibamos a hacer la inauguración de lo nuevo de la casa de mis papás. Después iba a cierto lugar que parecía que era mi cuarto, y había un carro abandonado y lleno de basura. En el de mi mamá también había algo similar, pero ella de algún modo había empapelado su cama con papel de periódico alisado, aprovechando la basura. De ahí íbamos a un lugar con agua, como una bajada de río, pero había arboles y construcciones a medias, no estaba despejado, no se veía el agua bien. Le muestro a mi mamá un vaso con agua con una cabeza de muñeca adentro. Después veo que mi mamá se perdió, está en el agua, la llamo pero no la encuentro. Sólo logro sacar a otra muñeca, es grande de tipo infantil, pero tiene tacones rojos y pelo largo rizado, la saco y la dejo contra una pared a que se seque. Sigo buscando a mi mamá pero no la encuentro. Fin del sueño, despierto a las 3:30am y me cuesta volver a dormir.

 

Sueños de Luna Llena

El jueves pasado me volví a engripar (segunda vez en menos de un mes), y el viernes estaba cansada como un cerdo, de modo que dormí como 11 horas.

De viernes a sábado tuve un sueño bastante reparador, tanto físico como psíquico:

Volvía a las clases de contempo (esta semana va a hacer un mes que dejé de ir) y me sentía neutral, fresca. Era como resetear algo y empezar de nuevo. Cachaba al maestro que se me quedaba viendo, con una sonrisa muy relajada. Sus rasgos físicos eran como un poco afro, no lo puedo describir bien pero podría ser cabello más chino y abultado, cara más ancha, pero era algo sumamente sutil, no era muy notorio en realidad, pero yo lo veía.

El siguiente recuerdo es que estoy abrazando a alguien ahí en el salón de clases, es el hermano del maestro. Ambos tenemos el torso desnudo, y yo siento mis boobs contra su pecho. Pero ojo, esto no es algo sexual. No se siente así, pues. Se siente como algo más del tipo “somos humanos y aquí estamos”, pero no con afán de coger ni mucho menos con pudor. Era como abrazar mi propia humanidad (?). Finalmente el sueño resuelve algo pues amanecí muy ligera.

Ahora bien, de sábado a domingo me costó mucho dormirme. Estaba tranquila pero tenía mucha energía, aunque sólo bailé dos canciones en la función de la tarde, estaba con mucha pila. La opción hubiera sido irme de fiesta con todos, como se acostumbra, pero de eso sí no tenía ganas, sobre todo de convivir con la chaviza loca, beber sus alcoholes que no me gustan, y sobre todo, pagar por ello. De modo que me regresé a casa, bebí algo de vino y vi una peli con la roomie, Shaun of the dead, muy graciosa por cierto.

Subí como a las 12, apagué la luz como a la 1, pero me dieron casi las 2 y no podía conciliar el sueño. Intenté leer, me terminé un cuento entero de Stephen King, y nomás no me daba sueño. Me habré dormido cerca de las 4am porque la última vez que vi el reloj eran las 3:23am.

Como a las 8:40am me despierto y recuerdo lo que soñé:

Estaba en un edificio que era la nueva casa de mis papás, y se me caía el celular por la ventana. Yo ya lo daba por roto, pero no, bajaba a buscarlo y lo recuperaba. Cambio de escena, ahora estamos en un como patio, pero es todo muy luminoso, el pasto súper bien cortado, y es como en lo alto de un monte. Hay como gazebos (?) y mesas, todo muy blanco: parecía como un olimpo pero en realidad era sólo un jardín.

De pronto, aparecen mis abuelos maternos. Tomados del brazo (algo que nunca vi en realidad, pues aunque no estaban separados, siempre fueron muy distantes entre sí) y sin decir nada. Mis papás están ahí pero no se los ve, se sorprenden, pero yo más que ellos.

Después aparecen mis abuelos paternos, igual, tomados del brazo. Ahí sí me soprendo muchísimo y hasta tengo que contener las lágrimas. Es muy impresionante para mí verlos juntos así (ellos sí estaban separados y peleados, aunque al final de sus vidas se alcanzaron a llevar con cordialidad), los veo pasar en silencio, ellos tampoco dicen nada.

Y después aparece Gal Gadot y se recarga en una de las columnas de estilo griego al lado de mis abuelos paternos, se inclina como hacia adelante sacando la cola, muy sexy.

Fin del sueño.

Tres de tres: última función

Tengo la sensación de que renuncié a esto varias veces y nunca pude, como el adicto que intenta por enésima vez dejar la droga.

Me arrepentí de mis impulsos y dije: “no, espera; vale la pena seguir intentando, no vas a dejar que ese pequeño detalle te arruine algo que disfrutas”. Seguí consejos de amigos. Traté de “llevármela leve” y,  sobre todo, con todas mis fuerzas traté de no intensear.

Los resultados fueron diversos.

Por un lado conseguí cosas (supongo), como resistencia y capacidad de adaptarme. “Conseguí” que me dieran el dueto. Del modo más “haiga sido como haiga sido” posible, pero lo tuve. También logré aprender cosas porque siempre se aprende.

Pero, entre los resultados no tan favorables, conseguí el ya no ser capaz de disfrutar algo tan disfrutable como lo es una función. Desde que llegué fue un suplicio verte. Saber que ibas a estar helado como siempre, evitándome a toda costa, como si fuera la peste. Respiré profundo, fui al baño, me paré de cabeza a ver si así me fluía la sangre distinto. Traté de integrarme con la demás gente. Ayudar. Marcar lugares. Calentar. Lo que fuera para distraerme, dejar de pensar en ti cuando hay otras ocho o nueve personas allí con las que me puedo relacionar, a las que me puedo asir.

Me sentí muy nerviosa y muy sola. Como si yo fuera ahí una invitada, una arrimada, alguien a quien le están haciendo el favor de “dejar participar”. No me gustó esa sensación, pero me sobrepuse.

Empezó la obra, me sentí nerviosa por todos los demás pero sabía que lo iban a hacer muy bien. Traté de concentrarme en lo mío: mis vestuarios, mis entradas, no enfriarme, no estobarle a los demás.

Por fin me tocó salir, en el tercer número. El rol era bailar fingiendo una sonrisa al grado de volverla mueca macabra que incomode a todos los presentes, al público, a los compañeros, a uno mismo. Entré mal, pero lo recompuse.

Después siguió la samba satánica. Me puse el vestuario del dueto. Lo hice horrible, no lo respiré, me adelanté en ciertas partes, sentí demasiado y bailé poco. Pero salté a tiempo en donde debía, le puse la capucha negra a mi esposo que iba a la guerra y al que perdería para siempre. Tal y como estaba estipulado, tu nuevo amor hombre me sacó del escenario con un golpe que me sacudió la cabeza y hasta el alma.

Pero yo seguía en pie. Ni una sola vez me miraste, ni siquiera me dirigiste la palabra.

Para la escena del final yo ya estaba bastante destruida pero tenía cierta esperanza de que en la luz (o la sombra) de la lamparita me buscaras. A diferencia de lo que siempre hago (esperar a que otros me busquen), me aferré a los cuerpos que pude. Primero a tu amor hombre, el que me bajó todas las esperanzas de un golpe, lo tuve que abrazar de atrás y estaba sudadísimo, tenía también tu sudor. Después fue tu hermano, y después la más pequeña de mis hermanas. Esperé que vinieras a salvarme. Nunca lo hiciste.

Terminó todo y yo ni pensé en las gracias, me fui a cambiar de inmediato. Apareció tu amor hombre y se cambió también, entró corriendo al escenario y lo seguí, llegamos justo a la última caravana de las gracias. Volví al camerino, recogí todas mis cosas desesperada y me salí, alcancé a agitar la mano ante las chicas que me vieron irme.

Vi a los seres queridos que me fueron a ver en las butacas del centro. Iba a empezar el showcase del otro grupo y bien podía haberme quedado a verlo con ellos. Fui a las butacas de atrás con la idea de tomar aire y después acercarme al centro y estar con los míos.

No pude.

Tenía muchas ganas de irme de ese lugar, no soportaba estar ahí, era demasiada la sensación de incomodidad. No lo pensé dos veces y caminé hacia afuera antes de que el segundo showcase empezara.

Afuera llovía y eso me hizo bien, tuve que caminar un rato hasta el estacionamiento donde había dejado el carro y eso me enfrió un poco. Decidí no llorar ni pensar demasiado, mejor enfocarme en salir a distraerme un rato y olvidar todo.

Hice todo eso y lo logré, me distraje, pero ahora ya más en calma me enfrento otra vez a la incomodidad que sentí y creo que ahora sí, ahora sí es tiempo de renunciar.

Dejar de ir a un lugar donde no me valoran. Dejar de ir a un lugar donde jamás me dicen que hice algo bien. Suena pueril, pero antes sí me lo decían, antes sí me incluías entre tu grupo, ahora es tu gente y allá lejos yo, a la que no le diriges la palabra ni por error o sólo cuando es inevitable. Así que no, ya basta, ya no quiero. Ahora sí estoy segura de que me va a doler menos dejar de ir que seguir yendo. Eran buenas tus clases, sí, pero el costo de las mismas es muy alto. Más allá de los $50 mensuales, el costo emocional era altísimo, y ya no tengo presupuesto para  pagarlo. Se me acabó, me gasté lo poco que me quedaba en esta función.

Qué horrible que ese teatro que para ti y tu hermano es tan especial, para mí sea insoportable. Lo comparo con las funciones anteriores que dimos ahí, hace poco menos de un año, cuando todavía me hablabas y me tratabas como a alguien más del grupo (aunque traías el estrés con tu ex), y yo estaba estresada por el idiota en turno que supuestamente me gustaba (ni al caso). Ahí, a pesar de todo, se sentía un ambiente cálido, familiar, de cariño. Nos abrazamos antes de empezar la función. Nos agradeciste uno a uno al terminar. Era insoportable recordar eso y compararlo con la frialdad actual, donde no mirabas más que hacia ti mismo y a tus dos amores, ella y él.

Por eso lo más sano fue huir. No tengo ganas de volver a tu clase. Ahora sí, la tercera es la vencida. Nunca me había sentido tan mal al salir de una función. Igual y la danza contemporánea no es lo mío, es demasiado demandante emocionalmente, y con la micro historia que tuvimos y el ambiente que hoy se tiene, me es imposible de aguantar. Paso.

 

 

Manifiesto

Para bien o para mal, aunque fue muy poco tiempo, yo te amaba. Por eso te dije que hoy te veías guapo: porque aún me encuentro viéndote.

Y no me importa que hayamos valido verga, o que te gusten los hombres o ella, la rubia de puntas rojas, yo siempre voy a amarte como eres.

Voy a amarte famélico, cruel y culero, de enormes ojos oscuros, con los dientes que tengas y con los que te falten, con cicatrices de quemaduras de cigarro en tu piel, volando, fumando, muriendo.

Ser existencialista hoy

Pues por fin pude ver la esperadísima Trainspotting T2, La vida en el abismo (?) como tuvieron a bien titularla los ponedores de títulos de películas en este mi país.

Llegué en ceros, es decir, sin haber visto ni leído nada al respecto. Es más, sin haber visto de nuevo Trainspotting del 96 para “refrescar mi memoria”. Huevos, qué. Así en caliente.

Debo decir que, a diferencia de la primera, ver esta fue un placer. Me sentí tan cómoda, como si me estuvieran hablando a mí, directamente. La primera la sufrí, me golpeó como Natural born killers. Bueno, no tanto. Pero la vi muy morra -lo más seguro es que la habré rentado y visto sola en el año 98, un año loco de rentar películas como alma que lleva el diablo- y pues me quedé con todo eso que me generó sin haberlo comentado con nadie. Simplemente entró su semilla en mi psique, con todo lo que Trainspotting implica. Recuerdo haber dicho que “me gustó, pero sí está fuerte”. Mis procesos mentales de los 17 años, pues.

En cambio hoy, hoy fue todo tan distinto. Sabía a lo que iba. De entrada me agradó entrar de lleno al inglés ese tan golpeado que manejan, tan tosco. Me recuerda a Sing street y me enternece con facilidad. Acto seguido, la fotografía me entra directo al alma con esos colores, esos primeros planos como circulares y los paisajes hermosísimos de Edinburgo. Entrar a las habitaciones donde pasaron cosas revuelve tantos recuerdos.

Y en el medio de todo, los cuatro personajes que han “evolucionado” en estos veinte años siguen siendo los mismos perdedores de siempre, pero con mayor conciencia y más batallas perdidas en su haber, lo cual los hace muchísimo más humanos y creíbles. Al menos para mí.

No voy a espoilear para los que la quieran ver (lo cual recomiendo altamente), pero T2 es un regalo para nosotros, para los que crecimos en esta época tan intermedia entre algo y algo, estos años en los que el sueño (capitalista) se rompió, que el trabajar duro y elegir la vida ya no era tan atractivo y las emociones fuertes se empiezan a buscar en otras partes.

Me encantó (entre tantas otras cosas): el discurso de Renton a la morrita búlgara, las escenas de nostalgia compartida, el hecho de que pongan sólo los inicios de Born slippy como parte de los recuerdos, la metáfora de escapar y la inmutable incapacidad para sentir algo de cierto personaje (ya me dirán cuál).

En fin, escribo esto muy en caliente y sin pretender dar una crítica racional y ordenada; tan sólo es mi reseña desde la tripa, desde lo que me hizo sentir. Y la verdad es que, siendo lo que es técnicamente, una película deprimente y desoladora sobre la vida de un grupo de adictos, a mí me tocó el alma y me dio muchas ganas de vivir y de amar. Es una mamada, pero eso me generó. ¿Por qué? no tengo la más puta idea. Pero últimamente son las películas “crudas” (Train to Busan, Voraz, ésta) las que más me tocan el alma y me hacen sentir calientito y ganas de llorar y sonreir al mismo tiempo.

Es bien raro.

Mis proverbiales torpezas

2012-07-07 17.43.04

Todo es más sencillo desde que uno se asume como lo que sea que quiere ser, es el inicio.

¿Quieres ser payaso? asúmete como tal. ¿Ingeniero? lo mismo. Pero nunca te acomodes en el limbo de no asumirte, en el “yo no me quiero etiquetar”; es una zona aparentemente cómoda, pero cobarde, y a la larga te hace todo más trabajoso y cansado.

Lo que pasa es que uno en el fondo sabe lo que quiere hacer (y por ende, ser), pero en el medio se encuentra con:

  • expectativas familiares
  • convenciones sociales/generacionales
  • juicios a priori
  • miedos, inseguridad y desconfianza en el propio instinto

Me tomó cerca de 15 años darme cuenta de esto, ahora sí, más vale tarde que nunca.

 

 

 

Certezas II

Solíamos comernos las bocas. Éramos muy poco viables, pero teníamos suficiente hambre: él de olvidar la rabia, yo de saltarme los dramas. De todos modos, las bestias nos alcanzaron, nos dieron un golpe seco en la nuca y nos dejaron más ajenos que antes, más partidos.

Mis amigas me dicen que exagero, que fue algo muy breve, que no fue para tanto, pero yo casi enloquezco de tristeza. Él.. pues no sé, siempre ha estado un poco lejos.

Recuerdo que por la época en que nos estábamos empezando a conocer más, hace como un año, pidió certezas. Yo no tenía ni una sola para dar, y se lo dije en una de nuestras charlas nocturnas, lo conversamos, como hablábamos de todo (o de casi todo) lo que nos pasaba, lo que éramos. Hoy casi no nos hablamos. No hace falta. Pero sucede que hoy ya tengo unas cuantas certezas, no son lo que esperaba, pero son para mí, y me bastan. La primera es una elección de vida. Sí, a mi edad.

  1. Voy a bailar: porque me gusta, porque sé, porque puedo y porque quiero.
  2. No voy a sufrir, porque sé que hay muchas más formas de vivir.
  3. Lo quise de algún modo, pero no lo necesito para estar feliz.
  4. De alguna manera, ambos nos hicimos bien.

 

 

 

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